DOLCE CINEMATECA
  FEOS, MALOS Y EN ALGUNOS CASOS, COMUNISTAS. Personajes y argumentos de miedo con los que el cine nos cuenta la historia

          Cualquiera que sea capaz de leer esto y tenga forma humana, habrá experimentado en algún momento de su patética existencia el efecto angustioso y amenazador que proporciona el miedo. Y es curioso que el mismo miedo que nos perturba el ánimo, el mismo que nos desordena los sentidos y nos deforma el gesto, precisamente el mismo que hace hablar a nuestros cuerpos, sea tan real como alcance a fingir nuestra imaginación. Algo parecido le sucede al cine, que con su ya clásico juego de espejos - al más puro estilo Orson Welliano en La Dama de Shangai - nos emboba hasta tal punto que no sabemos si el reflejo que está frente a nosotros es real o no; de esta suerte de prestidigitación con la que cuenta el cine y de su particular manera de hacernos ver determinados fantasmas será de lo que tratará fundamentalmente este artículo.

          Evidentemente el cine no es el único culpable de que tengamos pesadillas; Otras disciplinas como la literatura o la pintura habían creado monstruos mucho antes de que supiéramos de la existencia del cine. Sin embargo la obra cinematográfica a diferencia de un manuscrito o un lienzo, goza de una fértil pluridisciplinariedad que le resulta prácticamente inasible al resto de disciplinas artísticas. - Qué sería por ejemplo de Psicosis ( Psyco, Hitchcock 1960) sin la fotografía de John Russell, los decorados de Hurley y Milo, la música de Bernard Herrman o la dirección de Alfred Hitchock-.

          Esta ventaja multiforme la utilizó el cine mucho antes de que aprendiese a hablar, justo después de que abandonara la barraca de feria y se decidiese a narrar.

          El primero en introducirnos el mundo fantasmagórico fue Meliés, ilusionista, mago y director del teatro Robert Houdin de París, que fue descubriendo durante la primera década del siglo XX, las extraordinarias posibilidades del aparato. Apariciones, objetos inanimados que se mueven solos, fundidos, maquetas, desapariciones… y un sin fin de recursos con los que sobresaltar al espectador más descreído . Cintas como Magie diabolique Georges méliés (1898), El antro de los espíritus( 1901) o En la cueva maldita( 1898) deja boquiabierto al público parisino, aunque habrá que esperar a los Seriales para captar la devoción de las masas, primero con Fantomas ( 1913-1914) y más tarde con Los vampiros (1915) con Historia de un crimen de Zecca, o con el aún más popular Doctor Mabuse ( 1922) y sus espeluznantes escenarios. Los temores del ser humano, la fascinación por el lado oscuro y el interés que se toman por plasmar el conflicto interior y lo desconocido - que ya habían interesado a pintores anteriores al expresionismo como Goya - saltarán ahora del lienzo a la Gran pantalla. A través de shocks estéticos como el que provocó El gabinete del Doctor Caligari ( Wine, 1919), o desempolvando mitos como Nosferatu, el vampiro (Murnau 1922), o cuestionando la conciencia humana a través de molestos y llamativos fotogramas como en Haxan (del danés Christensen, 1918-1921) dónde las brujas besaban el culo a Satán o donde igual se exponían flácidos senos de viejas atenazados por inquisidores que excrementos de gato ; o por qué no mediante el conflicto físico y psíquico que puede conducir a una persona a la locura, como en El Viento ( Sjostom, 1928). Una estética subjetiva y radical que nada tiene que ver con el clasicismo de las películas norteamericanas de entonces ( ni de ahora). Historias y personajes que van confeccionando poco a poco la dieta básica que debía incluir cualquier menú cinematográfico especializado en lo fantástico o lo terrorífico; uno de sus ingredientes imprescindibles será el archi conocido enfrentamiento entre las fuerzas del Bien y el Mal (conflicto compartido por otros géneros cinematográficos pero de presencia obligada en este tipo de cintas) donde el villano se llevará la peor parte.

          Será feo - si cuenta con algún defecto físico mejor- sexualmente indeseable, despreciable, con algún tipo de debilidad, ruin… y en fin, un tipo molesto que pueda encarnar sino todas, la mayor cantidad de peligros que amenacen al ser humano.

          Un villano-criatura infernal-monstruo-fantasma-demonio que se convertirá en el disfraz perfecto que el cine - cuando no, las agencias de propaganda de los diferentes gobiernos - utilice para enmascarar las razones objetivas que han generado tal o cuál realidad social y las sustituyan por falsos e inexistentes enemigos. Éstos, que prácticamente tendrán la culpa de todo y que, si se hace bien, serán vilipendiados por la mayor parte de la población civil, tendrán un aspecto dependiendo de la situación coyuntural de la época. Así pues a lo largo de su historia los monstruos del celuloide tendrán cara de doctor loco con doble personalidad, de judío sádico, de ganster, de oficial alemán-americano- ruso-japonés…, de mujer sexuada y tentadora, de dibujo animado, de criatura del espacio con intención de implantar el comunismo, de espía ruso, de terrorista o de anarquista o lo que es lo mismo, de cualquiera que resulte un obstáculo para el mantenimiento de cada sistema. Sin embargo estos personajes fantasma muy a menudo se escapan de la pantalla y buscan la realidad fuera de la sala de cine, sembrando el miedo y la inseguridad allá por donde van, hasta que el héroe de turno traspasa también la pantalla. Una sutil manera de contar la historia, que personalmente, es lo que al fin y al cabo más me aterroriza.

Volver atras   Subir      Por Lele Morales. Escribe al autor de este articulo