Del Latín Metus, timor, horror, formido et sicut Ulpanius scribit de instanti
vel futuro periculo mentis trepidatio. Hay un miedo que suelen tener los hombres
de poca constancia y cobardes; hay otro miedo en un varón constante, prudente
y circunspecto. Esto declara bien la ley de la partida, ley 7, tít. 33,
part.7, que dice así: "otrosí drecimos que metus en latín
tanto quiere decir en romance como miedo de muerte o de tormento de cuerpo o de
partimento de miembro [sic: perdimento] de miembro o de perder libertad, o las
otras cosas [sic: cartas] por que se [sic:la] podría amparar, o [de rescebir]
deshonra para fincar [sic: porque fincaría] infamado; e de tal miedo como
éste, o de otro semejante, fablan las leyes de nuestro libro cuando dicen
que pleito o postura que home face por miedo non debe valer. Ca por tal miedo
non [tan] solamente se mueven a prometer o facer algunas cosas los homes que son
flacos, mas aun los fuertes. Mas aun a [sic: en] otro miedo que non fuese de tal
natura, al [sic:a] que dicen vano, non excusará [sic: excusaría]
al que se obligase por él".
Proverbio: "Miedo guarda viña, que no viñadero", o
por otro término: "A la viña guarda el miedo, y no el viñadero".
Así analiza Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la Lengua
Catellana o Española la palabra miedo, y acaba su aportación dándonos
una pista muy importante, la existencia de proverbios, refranes, expresiones
de la vida, que nos muestran cómo el miedo siempre ha estado presente
entre nosotros. Partiendo de este presupuesto, podría ser provechoso
para nosotros ver el miedo desde un punto de vista antropológico. Por
tanto a partir de ahora miraremos el miedo como mediación. Como algo
que media para alcanzar el mal. Porque en última instancia a lo que se
teme no es a ese mal, sino a todo el proceso anterior que actúa como
vehículo conductor hacia ese mal. Martín Alonso en su diccionario,
ofrece algunos refranes y expresiones, que ilustran lo que digo: "coger
miedo al muerto", es decir, no hacer algo por falta de valor, "el
miedo es cosa viva", advierte que es tal la impresión que con él
se sufre, que parece algo animado, "por miedo de gorriones no se dejan
de sembrar cañamones", que quiere decir que las cosas útiles
y necesarias no se deben omitir porque haya dificultad en su ejecución.
Pero yo propongo algo más directo para entender el miedo, ¿que
tal si analizamos el miedo a través de un hecho etnográfico ,
vivido y sentido en primera persona. No hace mucho tiempo fui con una amiga
a casa de otros amigos a tomarnos algo, entre risas y charlas hubo un instante
en el que todos quedamos callados, un momento de relax, de sosiego, de silencio
absoluto, nadie hablaba..., yo aproveché la ocasión, y se me ocurrió
pegar un grito, como una manera de romper el hielo y ese silencio creado. En
ese instante me di cuenta que el miedo actúa de manera muy diferente
en unas y otras personas, y que cada cual establece una percepción del
miedo de acuerdo a sus vivencias socio-culturales. Dos de ellos casi no se inmutaron
ante mi acción, la otra amiga que acompañaba, casi muere en el
acto, el momento fue bastante complicado y tenso, pues justo después
de suceder ésto ella comenzó a descargar sobre mí su estado
de nerviosismo, una serie de palabras que sólo podrían ser comprendidas
en ese momento, fuera de este contexto sería harto difícil, aún
así, yo quedé perplejo. Pero quedé perplejo también
por su actitud, su susto fue asombroso, quedó como extasiada, aniquilada,
el miedo se apoderó de ella durante un par de minutos, parecía
otra persona, yo quedé asombrado y desorientado pues encontraba ante
mí a alguien que para nada se parecía a la persona que yo conocía.
Esto me demostró que su miedo a los sustos, tenía una base muy
diferente a la nuestra, pues seguramente, es susto le trajo recuerdos malos,
recuerdos desagradables que para nada le apetecía revivirlos; de esta
manera sí seríamos capaces de comprender su actitud.
Si nos damos cuenta en este hecho etnográfico, aparece de nuevo el miedo
como mediación. En el momento del susto se produjo un estado de miedo
y pánico incontrolable, porque inmediatamente después podría
concebirse la existencia de un mal. Es por eso por lo que en sí a lo
que se teme no es al mal, o como en el caso de los gitanos, no se teme a esa
maldición, sino al miedo hacia ella, a que recaiga sobre ellos, no a
la maldición en sí. El mal no lo hace una cosa u otra, sino el
miedo que se tiene a ese mal, el mal no lo hace una bruja, sino el miedo a la
bruja. Mi amiga estaba tan afectada porque realmente tenía mucho miedo
a ese mal, no deseaba bajo ningún concepto que ese mal volviese, el sentir
un determinado miedo hacia un mal, éso es lo que le provocó el
miedo.
Según esto, podríamos enlazar con uno de los primeros refranes
con los que comenzamos este artículo, "El miedo guarda la viña.
Miedo guarda viña, que no viñadero", creo que ahora y después
de las explicaciones establecidas es más fácil comprender este
refrán popular. En sí el viñadero no guarda la viña,
pero sí lo hace el miedo que se pueda meter a la gente con respecto a
esas viñas, diciéndole que están envenenadas, curadas,
que hay perros, ese miedo que se intenta crear en torno a las viñas es
lo que provoca al final que la gente tema acercarse a ellas por el posible mal
existente.
El miedo nos da pie para reflexionar: ¿por qué se tiene miedo?¿el
miedo es controlable?. Creo que partiendo de la base que en este artículo
propongo, se pueden llegar a muchas respuestas, y a otras no por supuesto. Lo
que propongo es que el miedo debería de ser entendido como mediación,
como mediación hacia un mal.
|