Si le preguntas a alguien si tiene miedo, así de sopetón, sin
especificar a qué, probablemente podríamos escribir un libro de
tópicos con las respuestas obtenidas, como miedo a la perdida de un ser
querido, al paro, al terrorismo.... miedos muy típicos que diríamos,
aunque reales claro.
Pero el miedo es algo cada vez más cotidiano en nuestras vidas y no tan
intangible o lejano. No sé si os habréis dado cuenta, pero imagino
que sí. Cada vez hay un mayor miedo a expresar nuestros sentimientos,
a comunicarnos con extraños, a hablar con los vecinos, a compartir inquietudes con los amigos, a gritar o a llorar en público
y así un largo ecétera. Actos tan simples que nuestra rápida
y desarrollada ¿? Sociedad van dejando atrás, y es que creo que
el desarrollo va estrechamente ligado a la apariencia de todos estos miedos. Si alguna vez tienen la suerte de viajar a los llamados países
del Sur o subdesarrollados (adjetivos muy cuestionables - yo siempre creí
vivir en un país sureño- pero ahora parece ser que formamos parte del Norte o países
desarrollados, y es más, diría que cada vez somos más norteños)
os sorprenderá lo común que es ver gente de toda edad y condición,
besándose, abrazándose, tocándose. Presenciar algo tan
bonito y natural como es ver a una madre amamantando a su hijo, ya sea en la
calle, en un autobús, en el metro, sin que nadie se escandalize o se
extrañe. Porque personalmente vagamente recuerdo verlo por estos lares, y si se tiene la suerte de cruzarse con una osada madre
amamantando en público lo hará bajo una serie de amplias ropas
y sujetadores especiales para que todo quede bien escondidito, no vaya a ser
que la multen por escándalo en la vía publica.
Y todo esto considerándonos la alegría de la huerta europea junto
a otro par de países mediterráneos, porque más al norte
(sí, sí, más al Norte del Norte que habitamos), la gente
no hace ni ruido, y charlar amenamente en una cena con amigos, en la calle,
en el botellón (ups! que ahora es ilegal) te tacharán de taradete
. Pero cada vez nos parecemos más a estos países, que por otro
lado tienen grandísimas cosas que ofrecernos.
Digámosles a ese deconocid@ lo bonito que son sus ojos, la ropa que lleva,
o llevas tomate en la camisa, vamos, lo que piensas para tus adentros al cruzarte
con un desconocido, sin vergüenza ninguna. Y ya veréis lo a gusto
que se queda uno. Sino, nos veremos empujados a las consultas de los psicólogos
y psiquiatras a contarles nuestros sentimientos, algo tan común en países
como los Estados Unidos, y que conste que creo que hacen una gran labor, pero
vamos, unos padres o amigos pueden también servir de mucho. Por eso,
animémosnos todos a perder el miedo, reclamemos la calle como nuestra,
expresemos nuestros sentimientos, buenos y malos, en voz alta, compartámoslos.
Ayer, mi vecina, en todo un alarde de valentía, tras ver una multa de
nuestros queridos municipales en su parabrisa, en vez de contenerse y llevarlo
su enfado a casa o un lugar más privado, explotó allí mismo
y se cagó en voz alta en más de uno, a grito "pelao",
sin miedo a lo que pensasen los vecinos que asustados se
asomaban a sus balcones. Olé por mi vecina, es un primer paso. Podemos
hacerlo!!
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