COLABORACIONES
  LA CONSTRUCCIÓN... de la amenaza islámica en los medios de comunicación

          En los regímenes occidentales llamados "democráticos" la opinión pública es uno de los elementos que los poderes han de cultivar para legitimar algunas de sus políticas e intervenciones. La construcción, desde los Medios de Comunicación de Masas (MCM), de determinadas "realidades" o representaciones amenazantes, en base a perjuicios y estereotipos, es un instrumento político que juega con el sentimiento del miedo en diferentes niveles para efectuar esta legitimación.
          Como apunta Denis Duclos en su artículo "El gran teatro de los expertos del riesgo" (Le Monde Diplomatique junio 2002), el miedo y el riesgo es un inmenso recurso de beneficios, empleos y sobre todo de autoridad. Sobre los miedos sociales reaparecen los magos sociales -de la extrema derecha en las ocasiones más convulsas- basando su discurso en la demagogia, el autoritarismo y la xenofobia y echando sobre el otro (el extranjero, el inmigrante o el musulmán) la culpa de todos los desórdenes, males e inseguridades de nuestro mundo y sociedades.
          La amenaza terrorista-integrista de los "Estados parias" del Eje del mal (Libia, Siria e Irak entre otros) y los movimientos sociales musulmanes presentados siempre como fanáticos y coléricos es la imagen mediática que está sustituyendo a la desaparecida Unión Soviética como principal enemigo y amenaza para la civilización occidental. La guerra del golfo a principios de los 90 saldada con la "victoria sobre el mal" (Irak) por parte de EEUU es el punto de inflexión político y mediático de esta transferencia.

          Hoy, un año después del 11-s, la gran amenaza del mal está fundamentalmente formado por gobiernos que apoyan el terrorismo o que -se asegura- poseen arsenales químicos y nucleares (Irak, Libia o Siria), barbudos integristas islámicos como el FIS en Argelia, Hizbullah en Líbano o Hamas en Palestina y la "avalancha" de inmigrantes clandestinos. Tres imágenes que apuntan en la misma dirección de amenaza e invasión procedente de nuestros vecinos del Mediterráneo-sur. Así, la situación de vecindad toma su punto crítico en la construcción de un "otro" que, además de recolocar las líneas geopolíticas estratégicas (una vez diluida la frontera soviética de Europa oriental) sirve para afirmar -por oposición (lo que no somos: ni terroristas, ni dictaduras, ni musulmanes)- nuestra propia Identidad occidental, "democrática", liberal y judeo-cristiana.
          El fantasma de una amenaza terrorista mundial niega, bajo el velo de la irracionalidad y el fanatismo, que los atentados suicidas revelan antagonismos sociales y políticos precisos. Bajo el pretexto de la seguridad, el poder de los centinelas transforma los lugares de libertad en prisiones modelo. En los años 20, el miedo étnico y social propagado por una prensa beligerante militarizó la mentalidad de los pueblos para entrar en la 2ª guerra mundial. Este tipo de dinámica deriva, se repite y agrava con el "terrorismo mundial" de la actualidad pretendiendo repensar las desequilibradas relaciones sociales en clave securitaria. Así, desde el 11-s vivimos una cruzada liberticida que pretende normalizar el estado de excepción contra el terrorismo, enemigo inasible e invisible de la nueva era. En el fondo de esta tendencia, además de la forja de una identidad occidental capitalista, se vislumbra el gran beneficio político: la criminalización de toda contestación política, económica o social al orden mundial establecido y la legitimidad neocolonial para intervenir (léase apoyar dictaduras o bombardear) sobre los nuevos bárbaros.

          Veamos algunos mecanismos de construcción mediática de enemigos y amenazas .
          La agenda de la información internacional en la prensa está marcada por los intereses geopolíticos occidentales, en el caso de los países árabes es el petróleo el elemento geoestratégico. Esta agenda se materializa a partir de las 3 o 4 agencias de noticias internacionales que controlan y emiten (y venden) la información internacional.
          La dinámica de los MCM se caracteriza por la rapidez con que los hechos acontecen lo que crea, en prácticamente todos sus campos, una desinformación plagada de noticias. Dada la preeminencia a los "hechos significativos", ante esta confusa avalancha de imágenes y situaciones la opinión pública se refugia en los estereotipos y prejuicios creados para interpretar el mundo. Así la imaginería popular occidental tiende a identificar lo árabe con lo violento. Las noticias se presentan aisladas de sus contextos, centrándose la información en los hechos y no en los procesos a las que pertenecen, al igual que la tergiversación creada en la traducción de determinados términos árabes. El uso de la palabra Yihad en multitud de noticias sobre islamismo es un claro ejemplo de ésto. La guerra santa (cuyo verdadero significado es el de propagación de la fe) aparece siempre en contextos de terrorismo y asesinatos con lo que uno de los 5 pilares del Islam queda definido como una permanente actitud beligerante contra el infiel.

          Además de lo efectos de la representación en la prensa escrita, con lo audiovisual la imagen se presenta como realidad misma. La imagen es noticia, representación y realidad al mismo tiempo y pensar es igual a sentir y reaccionar. Se desvela como más que suficiente la imagen de un "integrista" barbudo o una mujer con velo para identificar al Islam, y la imagen de una masa rezando en la mezquita o marchando en manifestación para transmitir la "amenaza". La TV cultiva más que la prensa escrita el catastrofismo y miserabilismo de las representaciones, y no se interesa por estos países más que cuando ocurren acontecimientos dramáticos. La política queda reducida a la guerra, los golpes de estado, etc...muy raramente aparece en los MCM algún intelectual, científico o artista árabe .

          L@s árabes y musulmanes cumplen el papel de chivo expiatorio en nuestro contexto mediterráneo constituyendo el "otro" más íntimo e inmediato. El investigador Paul Balta resume en 4 las figuras estereotípicas de los árabes en la prensa: El terrorista, metiendo los diferentes conflictos en un mismo saco sin diferenciar entre unos y otros movimientos y organizaciones políticas; El opulento Jeque del golfo enriquecido por el petróleo; El inmigrante, generalmente asociado a la ignorancia y la suciedad y ya criminalizado cuando es clandestino o ilegal ; y el integrista islámico donde tampoco se diferencian entre tendencias.

          El caso del conflicto en Palestina es bastante paradigmático, denominándose todo movimiento de resistencia palestina a la ocupación como terrorismo. Mientras toda acción por parte de las milicias palestinas (o libanesa en el caso de Hizbullah) es tratada automáticamente como agresión terrorista o venganza, los ataques y masacres del ejército israelí sobre la población y el territorio palestino se presentan como acciones de autodefensa o represalias de un "Estado democrático" contra los terroristas .
          El tratamiento de la inmigración en la prensa también dispone de unos mecanismos básicos que legitiman y hacen ver como medidas justas o inevitables las políticas domésticas de apartheid (como la ley de extranjería que diferencia entre personas con derechos y sin derecho a derechos) que frenen la masificación de inmigrantes. Cuando un suceso es dramáticamente llamativo, la prensa suele ponerse humanitariamente del lado del inmigrante pero en las noticias diarias de sucesos relacionadas con delincuencia, droga o violaciones siempre se recalca la nacionalidad de los criminales. Asimismo, las noticias alarmistas de "oleadas" e "invasiones" de inmigrantes ilegales son, a veces, compensadas por los efectos beneficiosos que la inmigración tienen en la economía nacional, la seguridad social, las pensiones y la tasa de natalidad, siempre recalcando que se trata de inmigrantes "con papeles". La alarma social contra los inmigrantes no guarda proporción real con la dimensión numérica del fenómeno, por lo que, en última instancia se transmite una "psicosis de la invasión" que hace percibir la inmigración como agravante del desempleo y la inseguridad ciudadana, además de hacer peligrar la Identidad o Cultura nacional con sus vestimentas, religión y costumbres.

          Las noticias aparecidas en el primer semestre de 2002 de detenciones de presuntos miembros de Al Qaeda en España une los dos vectores de la "amenaza árabe-musulmana" que operan en España: la inmigración y el terrorismo, unificando el mal potencial al que debemos temer y vigilar.


Volver atras   Subir      Por Enrique Cimiento.. Escribe al autor de este articulo